Repase
mi baúl. Lo tenía todo. Lo cerré, cargué con mi baúl. Baje las
escaleras. De repente, Regulus se colocó delante mí, deje el baúl
en el suelo.
-Adivina
quién va a pasar las mejores vacaciones de su vida.
-¿Tú?
-¡Yo!
-¿Y
a que se debe dicha alegría?
-A
que el idiota de mi hermano no estará para amargarnos la fiesta, se
queda aquí, en Hogwarts.
-Y…
¿Por qué? -A quien se le ocurre, yo sabía la verdad.
-¡Yo
que sé! Creo que su simpática novia se queda y…ya sabes. –Miró
hacia abajo, pero luego volvió a subir la vista y a sonreírme.
-Sí,
ya se. -Fije la vista en el suelo y seguí mi camino. Mire de reojo,
el iba a coger su baúl. Debía avisar a Sirius, no sé cómo lo iban
a hacer…en cualquier momento podía entrar alguien y verle. Fui
hacia Hosemade, habíamos quedado en las tres escobas antes de llegar
a la estación, para tener más ojos que vigilaran, en el fondo, esto
les divertía.
-¡Hola!
-Sirius estaba lleno de adrenalina. James puso los ojos en blanco,
igual que Remus y Peter sonrió. -¿Has hablado con Regulus?
-Sí…
-¿Qué
te ha dicho? ¿Se lo ha tragado?
-Sí,
me ha dicho que pasara las mejores vacaciones de toda su vida.
-¡Que
cerdo! Bueno da igual ¡Ah! -Se escondió detrás de un árbol.
Regulus se acercaba hacia a mí.
-¿Compartes
vagón conmigo?
-No
puede, ya lo comparte conmigo -Era sorprendente ver a Lupin se tan
espontáneo. Al mismo tiempo que decía esto me pasaba el brazo por
la cintura. Me encogí de hombros mirando hacia Regulus.
-Al
menos ven un día a mi casa a comer.
-Claro.
-Le sonreí.
-Bien,
te mandare una carta para especificar el día. -Remus mantenía el
brazo alrededor de mi cintura y miraba a Regulus de una forma
desafiante. Se dio la vuelta y se fue alejando, cuando le perdimos de
vista Sirius salió con cara de espanto.
-¿Pero
cómo puede ser tan cabrón y tan hijo de puta? Aprovecha que no
estoy yo para invitarte a comer…y anda que tú no te quedas corta
¿Cómo has podido aceptar? -Miro a Remus que tenía aun en brazo en
mi cintura.- y a ti ya te vale con el bracito, vale que es mona y
todo eso pero…creía haber dejado bien claro que era mía.
Remus
bufó y quitó el brazo de mi cintura, Sirius se acerco a mí y
dibujo en su rostro una sonrisa seductora, muy seductora, intento
pasar sus brazos por mi cintura. Me aparte de él y me dirigí a
Remus, pase su brazo por mi cintura y coloque la cabeza en su hombro,
el se sonrojo.
-Creo
que te lo ha dejado bastante claro -James se acerco a el para
cerrarle la boca, la cual se le había quedado abierta después de
ver mi reacción. Entonces algo capto la atención de James, Lily,
pasaba con sus amigas, cargando el baúl. James se quedo mirándola.
Me acerque a él y me coloque justo al lado de su oreja.
-¿No
piensas ofrecerle tu ayuda? -Me miró sorprendido, se dirigió hacia
Lily.
-Lily,
preciosa ¿Te llevo el baúl? -Lily se le quedo mirando.
-No,
gracias, puedo yo sola.
-Es
el rechazo más bonito que me han hecho en mi vida -Le gritó James
mientras se alejaba. -Sabía que no iba a aceptar.
-Bueno,
otro día será… ¿Vamos hiendo? -Nos dirigimos hacia el tren, por
poco lo perdemos, buscamos un compartimiento vacío, no había
ninguno, a excepción de uno en el que solo había una niña sentada,
una niña sola. Después de discutirlo durante un largo periodo de
tiempo, entre yo primera.
-Hola
-La niña se giro. Tenía unos ojos grises que daba vértigo
mirarlos, grandes. Parpadeo. Las comisuras de los labios las tenía
ligeramente hacia a bajo y la cara pecosa. El pelo le caía por la
espalda hasta la cintura, era de color rubio miel. -¿Podemos
sentarnos aquí?
-Mera
formalidad -Sirius entro en el compartimiento- Black, Sirius
Le
ofreció la mano, ella se la estrecho y miro a su pecho, donde estaba
el escudo de Gryffindor. Pasaron James, Remus y Peter. Sirius se dio
cuenta que miraba el escudo.
-Sí,
soy…el orgullo de la familia -Todos soltamos una risilla entre
dientes. La niña nos miro desconcertada. No podía tener más de
once años.
-Potter.
James Potter. -Le sonrió.
-Remus
Lupin.
-Peter
Pettigrew.
-Sarah
Bunch -Sonreí a la niña, ella me sonrió a su vez.
-¿Y
tu cómo te llamas? -Sirius empezaba a preocuparme, demasiado interés
por una niña tan pequeña. La niña no respondió -Eres una chica de
pocas palabras ¿Eh?
-Me
llamo Wendy Gohlke. -Su voz sonó angelical, como la brisa de finales
de primavera que acaricia tu rostro. Mire su escudo, era una
Slytherin ¿Cómo no la había visto antes con lo hermosa que era?
-¿Tu
apellido es Alemán? -Lupin pregunto con intriga.
-Sí.
-Miró hacia el frente, y como consecuencia me miro a mí.
-No
hablas mucho ¿No?- Sirius otra vez. Wendy negó con la cabeza y saco
un libro de su baúl. El libro estaba forrado. -Bueno… ¿Qué vais
a hacer estas vacaciones?
-Yo…soportarte.-Todos
nos reímos.
-Yo
me voy a visitar a la familia. -Todos bajamos la vista ¿Es que era
Peter aquí el único que tenía familia?
-Yo
no lo sé…-Lupin nunca sabía lo que iba a hacer en vacaciones.
-Yo
iré a tu casa, Sirius y…bueno, me quedare por ahí paseando.
-¿Dónde
viven tus tíos?- ¿Tíos?
-¿Por
qué? ¿Vas a hacerme una visita?
-Bien,
esta cerca de Londres y es una zona cara y privada…
-Sí,
digamos que mi…tío se gana bien la vida.
-Bueno,
podremos y forjarte mala reputación.
-No,
James ni se te ocurra. -Nos dimos cuenta que la niña nos estaba
mirando por encima del libro.
-¿Y
tú que harás Wendy? -James intento parecer lo más amable que pudo.
-Mi
papá está fuera y mi mamá, cuando mi papá no está, siempre se va
con otra persona, yo me quedo con Tigki, nuestro elfo domestico.
-Ahora nos quedamos todos callados, la niña volvió a su libro,
estábamos ante un caso de infidelidad ¿Pero cómo podía ser la
niña tan inocente para no darse cuenta…? En realidad no me
importaba demasiado, era problema de la niña, en estos aspectos
solía tener una postura muy egoísta.
-Hey
–dije en voz alta. Se me había ocurrido una idea brillante. – un
día de estos, podríamos ir al callejón diagon.
-¡Sí!
–Dijo James.- Porque no hoy ¿Qué Sirius, te va bien?
-Sí,
sí –Bromeo- No tengo nada que hacer.
-Ah
–Reí- ¿Os venís?
-Claro
–Dijo Peter con una ancha sonrisa.
-Sí…supongo.
–Dijo Lupin, despegando su cara del libro.
-Bien.
Quedamos…
-En
el caldero chorreante –me interrumpió James.
-Sí
aunque… ¿No nos iría mejor viajar con polvos flu?
-Claro,
nosotros, desde mi casa. Pero tu casa es una casa muggle. –Junte
los labios.
-Siempre
puedo ir a tu casa en escoba, y viajamos desde ahí.
-Me
parece bien. A las 16:00 en mi casa.
-Vale,
porque, no voy a ir en escoba hasta Londres. –Todos nos reímos. La
niña había dejado el libro, y ahora nos miraba mientras sostenía
un cuaderno en la mano. –¿Qué dibujas? –Le pregunté. Ella me
lo mostró.
-Wow
es… es muy bueno. –Dijo Lupin, mientras lo cogía para verlo
mejor.
-Es
que un día os vi en el patio, y empecé este dibujo. Ahora estaba
aquí, sentada enfrente de vosotros. No he podido resistir la
tentación de mejorar las facciones. He notado que Pettigrew muchas
veces va medio rezagado, hice bien en ponerlo en el fondo. He notado
que Sirius tiene hoyuelos y James el pelo muy alborotado. –Al final
de esto se rió.- A y, que Bunch tiene la piel pecosa.
-Y
de mi no has notado nada –La niña se sonrojó. –Es que a ti. Ya
te había dibujado muy bien. Y además…tenía que especificar la
sonrisa de pánico de Potter –Soltó una risilla- La sonrisa
burlona de Bunch, que por cierto, tiene un beso escondido –Señalo
el lado derecho. Sirius cogió el papel y lo miro fijamente.- Sí,
sí, ahí, en el lado derecho ¿Es que no lo veis? –Automáticamente
todos me miraron.- La sonrisa perfecta de Sirius. Y… -Sonrió.
Lupin sonrió también.
-¡Oh!
También tengo otro retrato. De Sarah… lo empecé a hacer en la
sala común.
Era
realmente muy bueno. Estaba hecho a tinta de hecho. Aunque lo que más me sorprendía de todo esto
era…
-Me
sorprende que siendo sangre limpia, trabajes con las manos, como los
muggles ¿Lo saben tus padres?
-¡No
por favor! –Dijo arrebatándonos los dibujos de las manos-. ¡No se
lo digas! Mi padre no me dejara pintar si se entera ¡Y yo quiero ser
retratista! No maga, ni auror, no quiero estudiar magia teórica
¡Quiero estudiar arte! –Solté una risotada cruel. Como las de mi
padre.
-Tú…tienes
las mismas posibilidades de estudiar arte, de que yo sea carpintero.
-Sarah
no seas cruel… -dijo Sirius- Seguro que serán una gran artista.
Ella
sonrió. Me
apoyé en el hombro de james, estaba cansada. Me dormí. Sentí unos
golpecitos en mi hombro.
-Sarah,
ya hemos llegado. -James no se cortaba un pelo, me despertaba
gritando. La niña ya había desaparecido. Cogí mi baúl, pesaba lo
suyo, salí del tren. James vio a Lily y se le acercó para decirle
algo, Lily (Como cabía esperar) le mando a freír monas. Miré a
todos los lados en busca de mi primo, de pronto, lo vi, ahí parado.
-¡Sarah!
-¡John!
–Me lance a sus brazos. – Oh espero que no te importe.
-¿El
qué?
-Después
de comer, me voy al callejón diagon, con unos amigos.
-Bueno,
bueno…si quieres. –íbamos andando, por la estación, y ya
estábamos fuera. Subí al coche y partimos a pasa. A Privet Drive.
Allí nos esperaba Mary. Una encantadora mujercilla. Pequeña, con el
pelo dorado y ligeramente ondulado que le caía anudado por una
trenza.
-¡Cuánto
tiempo! ¡Cuánto tiempo sin verte! –Me dijo mientras me abrazaba.-
Me mata. Lo prometo. Me mata que te tengamos que llevar a ese
internado.
-¡Oh! Es igual,
me lo paso bien, al fin y al cabo. –claro que Mary no sabía nada
de la magia. Ya que si él era un squib ¿Por qué no mantenerla al
margen? Era por su seguridad.
Comimos. Sopa, y
de segundo pollo. Mary cocinaba genial. Subía a mi habitación y me
tumbe en la cama. Cerré los ojos.
-Ah mierda
–Salté de la cama. Baje al salón, donde estaban Mary y John. Miré
el reloj ¡Ya eran casi las 16:00.- M-me tengo que ir. Volveré a la
hora de dormir. Lo prometo.
-Bueno vete. –Me
dijo John con pesadez. Fui al patio trasero y cogí mi escoba de
entre los matorrales, donde la había dejado por última vez.
Afortunadamente, seguía ahí.
Viaje en escoba
lo más rápido que pude, como quien huye de una bludger. Finalmente
llegue a Casa de James, despeinada y con los zapatos atados a la
escoba a las 16:10.
-A buenas horas.
–Me dijo James abriendo la puerta, aunque al ver mis pintas, se
echo a reír.
-Iba a decir que
si habías tardado tanto en maquillarte pero…se ve que no –y los
dos siguieron riéndose. Deje mi escoba al lado de la de James y
salude a sus padres. Después de ver como desaparecían Sirius y
James entre en la chimenea.
-¡Callejón
diagon! –Grité. Y un montón de llamas verdes me consumieron.


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