PREFACIO
Anduve hacia la sala Slytherin. Me pare. Alguien lloraba. Seguí andando en dirección opuesta. Me pare, provenía de la torre de Grifindor. Me dirigí hacia allí. (Aunque sabía que no iba a poder entrar) No me izo falta entrar, ahí estaba el que había perturbado mi silencio.
-¿Potter? -James alzo la vista, se giro y se seco las lágrimas, se volvió a girar.
-Se me había...me había entrado una mota de polvo en el ojo.
-Esa es la excusa más entupida que he oído en mi vida Potter.- En realidad no lo era.
-Lo supongo.
-Llorando no conseguirás que Lily salga contigo.
-¿Cómo…?
-Te conozco demasiado para no darme cuenta…Sirius ya lo debería haber notado, igual que Lupin.
-¡Yo también lo he notado!
-¿El qué?
-Estas enamorada de Sirius.
-¡La palabra amor no está en mi vocabulario! - Fui bajando las escaleras mientras decía esto, y me fui corriendo hacía la sala común de Slyceryn.
Es algo de lo que me arrepentiría toda mi vida.
**Un año después**
-Es horrible, tanto calor no es normal a estas alturas del año. -Dicho esto, deje mi mochila en el suelo y me senté al lado del haya. Sirius se sentó a mi derecha y James a mi izquierda, Lupin se apoyo en el árbol y saco un libro de lectura.
-¿No dejas de estudiar ni aunque te den una hora libre, lunático? -Le recrimino Sirius.
-Cállate -Ahí terminó esa conversación. A medida que la gente iba pasando, nos miraban a los cuatro, aunque debería decir cinco, Peter Pettirgrew estaba con nosotros, como de costumbre, aunque yo rara vez le dirigía la palabra. No me daba buena espina, yo había soñado en una ocasión que nos iba a traicionar a todos, más de una vez, por separado y sin que nadie lo supiera…
La gente seguía mirándonos, era extraño ver a un Slytherin junto a cuatro Griffindors, claro que yo…Suponía que tras dos años viendo dicha amistad se irían acostumbrando.
Un grupo de chicas risueñas paso por delante de nosotros, James, por defecto pensó, por un instante, por una milésima de segundo, que una chica de ese grupo, le miraba exclusivamente a él. Pero esa milésima fue suficiente para que la sangre acudiera a sus mejillas y, en consecuencia, se pusieran rojas.
-Llorando no conseguirás que Lily salga contigo.
-¿Cómo…?
-Te conozco demasiado para no darme cuenta…Sirius ya lo debería haber notado, igual que Lupin.
-¡Yo también lo he notado!
-¿El qué?
-Estas enamorada de Sirius.
-¡La palabra amor no está en mi vocabulario! - Fui bajando las escaleras mientras decía esto, y me fui corriendo hacía la sala común de Slyceryn.
Es algo de lo que me arrepentiría toda mi vida.
**Un año después**
-Es horrible, tanto calor no es normal a estas alturas del año. -Dicho esto, deje mi mochila en el suelo y me senté al lado del haya. Sirius se sentó a mi derecha y James a mi izquierda, Lupin se apoyo en el árbol y saco un libro de lectura.
-¿No dejas de estudiar ni aunque te den una hora libre, lunático? -Le recrimino Sirius.
-Cállate -Ahí terminó esa conversación. A medida que la gente iba pasando, nos miraban a los cuatro, aunque debería decir cinco, Peter Pettirgrew estaba con nosotros, como de costumbre, aunque yo rara vez le dirigía la palabra. No me daba buena espina, yo había soñado en una ocasión que nos iba a traicionar a todos, más de una vez, por separado y sin que nadie lo supiera…
La gente seguía mirándonos, era extraño ver a un Slytherin junto a cuatro Griffindors, claro que yo…Suponía que tras dos años viendo dicha amistad se irían acostumbrando.
Un grupo de chicas risueñas paso por delante de nosotros, James, por defecto pensó, por un instante, por una milésima de segundo, que una chica de ese grupo, le miraba exclusivamente a él. Pero esa milésima fue suficiente para que la sangre acudiera a sus mejillas y, en consecuencia, se pusieran rojas.
Lily, su eterna perdición, esa chica pelirroja que iba a su misma casa, esos ojos verdes en los que se sumergía y que, al no poder salir, se ahogaba en ellos. Esa chica a la que solo hablaba, cuando se peleaba con Severus y esa, era otra de las muchas excusas que ponía cuando le preguntaba que porque era tan cruel con él, pero yo se que…su mutuo odio era…por causa de Lily. Severus sabía que nunca se fijaría en el teniendo a James delante, y James le tenía envidia porque él podía hablar siempre que quisiera con ella. Y entonces, el destino. Severus pasó por delante a decirle algo a Lily y eso basto para que James entrara en acción. Se levanto y empezó el ataque.
-¡Eh! Pero bueno, aquí tenemos al quejicus. -Sirius se levanto riendo y yo detrás de este.
-Alto Sirius -Le susurre agarrándole del hombro, el se giro.
-¿Qué?
-No puedes ir en serio.
-Claro que sí. -La suerte está echada, ya no había vuelta atrás, esto era la guerra. Mientras esta conversación transcurría, James ya se había empezado a pelear y tenía a Severus colgando del aire. Lily se acerco hacía James con los ojos en blanco.
-Déjale James.
-Líate conmigo.
-Ni lo sueñes. -Esto había llegado demasiado lejos...esto había ido demasiado lejos, me volví a decir. James de estaba desmadrando, y como yo sabía que Lily no iba a aceptar, decidí tomarme la justicia por mi mano. Saque mi varita y, en un solo movimiento de muñeca Severus estaba en el suelo y James inmovilizado.
-¡Bien! Oh Sarah, sabía que terminarías pasándote a mi lado, siempre lo supe. -Severus no cabía en sí.
-No te engañes, Severus, no estoy en el lado de nadie. De hecho, esta rivalidad me parece estúpida.
-Muy bien dicho. -La voz angelical de Lily me sonaba por la espalda, me gire y le dirigí una mirada fulminante. Si las miradas mataran…
-Tú, Severus, vete antes de que me piense dos veces el haberte salvado ¡Corre!¡Vete! y no provoques mas a James -Severus se fue corriendo -En cuanto a ti, James, madura de una vez. Y tu Sirius, me has decepcionado… -No me lo podía creer, una lagrima resbalaba por mi rostro. Deshice el hechizo que caía sobre James y me fui hacía la laguna, me mire. Ahí, estaba reflejada yo, una chica de quince años, con el pelo largo y negro que me caía como una cascada por los hombros hasta la cintura, los ojos grandes, almendrados y de un extraño color azul, casi negreo que…eran así por una larga historia, muy triste que, no venía a cuento. Llevaba la camisa de la escuela, remangada y, el escudo bordado de mi casa, Slytherin, una corbata mal abrochada, de color plata y verde, mal abrochada, caía por el busto, y una farda, demasiado corta, abajo unas manoletinas y unos calcetines de color azul, largos hasta la rodilla. Sarah Ann Elizabeth y, mi apellido que no me atrevía a nombrar, pero que yo decía que era Bunch, por mi madre.
-¡Eh! Pero bueno, aquí tenemos al quejicus. -Sirius se levanto riendo y yo detrás de este.
-Alto Sirius -Le susurre agarrándole del hombro, el se giro.
-¿Qué?
-No puedes ir en serio.
-Claro que sí. -La suerte está echada, ya no había vuelta atrás, esto era la guerra. Mientras esta conversación transcurría, James ya se había empezado a pelear y tenía a Severus colgando del aire. Lily se acerco hacía James con los ojos en blanco.
-Déjale James.
-Líate conmigo.
-Ni lo sueñes. -Esto había llegado demasiado lejos...esto había ido demasiado lejos, me volví a decir. James de estaba desmadrando, y como yo sabía que Lily no iba a aceptar, decidí tomarme la justicia por mi mano. Saque mi varita y, en un solo movimiento de muñeca Severus estaba en el suelo y James inmovilizado.
-¡Bien! Oh Sarah, sabía que terminarías pasándote a mi lado, siempre lo supe. -Severus no cabía en sí.
-No te engañes, Severus, no estoy en el lado de nadie. De hecho, esta rivalidad me parece estúpida.
-Muy bien dicho. -La voz angelical de Lily me sonaba por la espalda, me gire y le dirigí una mirada fulminante. Si las miradas mataran…
-Tú, Severus, vete antes de que me piense dos veces el haberte salvado ¡Corre!¡Vete! y no provoques mas a James -Severus se fue corriendo -En cuanto a ti, James, madura de una vez. Y tu Sirius, me has decepcionado… -No me lo podía creer, una lagrima resbalaba por mi rostro. Deshice el hechizo que caía sobre James y me fui hacía la laguna, me mire. Ahí, estaba reflejada yo, una chica de quince años, con el pelo largo y negro que me caía como una cascada por los hombros hasta la cintura, los ojos grandes, almendrados y de un extraño color azul, casi negreo que…eran así por una larga historia, muy triste que, no venía a cuento. Llevaba la camisa de la escuela, remangada y, el escudo bordado de mi casa, Slytherin, una corbata mal abrochada, de color plata y verde, mal abrochada, caía por el busto, y una farda, demasiado corta, abajo unas manoletinas y unos calcetines de color azul, largos hasta la rodilla. Sarah Ann Elizabeth y, mi apellido que no me atrevía a nombrar, pero que yo decía que era Bunch, por mi madre.
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